Taller de serigrafía

Apuntes prácticos escritos y revisados en castellano, con las medidas y los materiales que se encuentran habitualmente en España.

Serigrafía paso a paso: de la malla tensada al registro de varios colores

Pontindo reúne notas de taller sobre serigrafía manual: cómo se elige una malla, cómo se prepara y se insola una pantalla, qué tinta pide cada soporte y por qué una impresión se desalinea cuando hay tres colores en juego. Todo está escrito para leerse antes de ensuciarse las manos y para volver a consultarlo con la pantalla ya montada.

Manos sujetando una racleta sobre un bastidor de madera con la malla tensada, junto a la ventana de un taller de serigrafía
Arrastre sobre una pantalla montada junto a una ventana: la luz lateral ayuda a ver el depósito de tinta y las zonas que quedan cortas.

Índice breve

  • Bastidores, hilos y tensión
  • Emulsión, insolación y revelado
  • Tintas para papel y para tela
  • Racleta, presión y registro
  • Curado, regeneración y taller

Sección 01

Bastidores y mallas: la frecuencia de hilos decide casi todo

La pantalla es una herramienta de medida antes que un soporte. El número de hilos por centímetro determina cuánta tinta pasa, con qué nitidez se define el borde de la imagen y cuánta resolución puede sostener el fotolito. Una malla abierta deja un depósito grueso y opaco; una malla cerrada deposita una capa fina y permite detalles pequeños, pero se satura y se seca antes si la tinta no está bien ajustada.

Como orientación, las mallas de 43 a 55 hilos/cm se usan para textil con cargas gruesas, blancos muy cubrientes o efectos con relieve; de 62 a 77 hilos/cm cubren la mayor parte del trabajo sobre camiseta; de 90 a 120 hilos/cm son el terreno del papel y el cartón, donde interesa un trazo limpio; a partir de 120 o 140 hilos/cm se entra en tramas finas y líneas muy delgadas, con menos tolerancia a cualquier error de exposición.

El bastidor sostiene ese trabajo. El aluminio mantiene la tensión y la geometría durante años y permite recuperar la malla muchas veces; la madera es más barata y sirve para empezar, pero se hincha con el agua, pierde planitud y termina dando registros inestables. Sea cual sea el material, el perfil debe ser rígido para el formato: un bastidor grande y ligero se arquea con la presión de la racleta y arruina el contacto con el soporte.

Antes de elegir la pantalla

  • Mira el detalle más fino del diseño, no el tamaño total.
  • Decide el soporte: papel, cartón, algodón, poliéster.
  • Comprueba la opacidad que necesitas en un solo arrastre.
  • Reserva mallas claras para trabajo general y amarillas para detalle fino.
  • Ajusta el formato del bastidor al área de imagen más un margen amplio.

Sección 02

Tensado y desengrasado, el trabajo invisible

La tensión se mide en newton por centímetro y condiciona la separación entre malla y soporte, el llamado off-contact. Con poca tensión la malla se queda pegada al papel después del arrastre, la tinta se extiende por capilaridad y el contorno se ensucia. Para trabajo textil se suelen manejar valores en el entorno de 18 a 25 N/cm; para gráfica fina se busca algo más. Lo importante no es alcanzar una cifra exacta, sino que la tensión sea uniforme en toda la superficie y estable en el tiempo.

Una malla recién tensada sigue cediendo durante las primeras horas. Por eso conviene tensar en dos o tres etapas, dejar reposar entre ellas y volver a comprobar antes de pegar o fijar definitivamente. Después, cualquier pantalla pierde tensión con el uso; si al apoyar la mano el tejido cede mucho y tarda en volver, esa pantalla ya no sirve para trabajos con registro exigente.

El desengrasado es igual de decisivo y suele saltarse. La malla llega con restos de ensimaje, polvo y grasa de las manos, y la emulsión no ancla bien sobre ellos: aparecen pinholes, la capa se levanta durante el lavado y el estencil se rompe a mitad de tirada. Un desengrasante específico aplicado con esponja suave por las dos caras, aclarado abundante y secado sin tocar la superficie resuelve el problema en pocos minutos.

Comprobación del agua

Una malla bien desengrasada retiene una película de agua continua. Si el agua se rompe en gotas o deja zonas secas, queda grasa y hay que repetir el proceso antes de emulsionar.

Señales de tensión insuficiente

  • El contorno impreso aparece engrosado o borroso.
  • La malla se despega del soporte con retraso y arrastra tinta.
  • El registro se desplaza dentro de una misma tirada.
  • Hace falta más presión de racleta para cubrir.

Sección 03

Emulsión, exposición y revelado del estencil

La emulsión fotosensible se aplica con cubeta en una sala con luz amarilla o inactínica. El número de pasadas define el espesor de la capa: para papel suele bastar una pasada por cada cara, mientras que en textil se trabaja con dos o tres pasadas del lado del soporte para conseguir un estencil con cuerpo que separe bien la malla de la tela. La cubeta debe recorrer la pantalla con un ángulo constante y una presión ligera, sin detenerse a media altura.

El secado es parte de la exposición. Una pantalla húmeda se insola mal, se pega al fotolito y revela con bordes blandos. Se seca en horizontal, con la cara del soporte hacia abajo, en oscuridad, a temperatura moderada y con el aire en movimiento; entre treinta y treinta y cinco grados es un rango cómodo. Una vez seca, la pantalla aguanta bien varios días guardada en un lugar oscuro y sin humedad.

El fotolito debe ser realmente opaco. Si al mirarlo a contraluz se ve la trama del papel o la tinta se aprecia grisácea, la luz atravesará las zonas que deberían quedar sin curar y el revelado costará. El contacto entre fotolito y malla tiene que ser total: sin vacío, un cristal limpio y un peso repartido cumplen la función en formatos pequeños.

Cómo ajustar el tiempo de exposición

  1. Emulsiona una pantalla con el mismo número de pasadas que usarás en producción.
  2. Coloca un fotolito con líneas finas, texto pequeño y una zona de trama.
  3. Tapa la pantalla por franjas e insola en tramos crecientes de tiempo.
  4. Revela toda la pantalla a la vez con la misma presión de agua.
  5. Elige la franja que abre el detalle más fino sin que la capa se ablande al frotar.
  6. Anota tiempo, distancia, tipo de emulsión y número de pasadas para poder repetirlo.

Emulsiones habituales

Las emulsiones al diazo son económicas y tolerantes, admiten tintas al agua con un endurecedor y piden tiempos de exposición más largos. Las de doble curado combinan resistencia al agua y al disolvente, con buena definición. Los fotopolímeros exponen muy rápido y son cómodos para tiradas cortas, aunque perdonan menos los errores de tiempo.

Revelado y retoque

Se humedecen ambas caras, se deja actuar el agua un momento y se abre la imagen con una ducha suave desde la cara del soporte. La presión excesiva ensancha las líneas finas y levanta los bordes. Con la pantalla aún mojada, mirarla a contraluz permite ver si la imagen está completamente abierta.

Ya seca, se tapan los pinholes con bloqueador y se refuerzan los márgenes con cinta resistente al agua o al disolvente, según la tinta que vaya a usarse. Un margen de varios centímetros alrededor de la imagen evita que la tinta se escape por el perímetro durante el arrastre.

Racleta apoyada sobre una pantalla con tintas amarilla, verde, naranja y azul extendidas sobre la malla
Tinta cargada sobre la malla antes del arrastre: el reparto por la zona de imagen evita cortes de cobertura a mitad de tirada.

Sección 04

Tintas: qué pide el papel y qué pide la tela

Sobre papel se trabaja con tintas acrílicas al agua, con tintas al disolvente y, en el ámbito industrial, con tintas UV. Las acrílicas son cómodas en talleres pequeños: se limpian con agua, secan por evaporación y admiten retardante para alargar el tiempo abierto. Su punto delicado es precisamente el secado: si la pantalla se queda parada unos minutos, la tinta cierra la malla y la imagen empieza a perder zonas.

Sobre tela conviven dos familias. El plastisol no seca en la pantalla, mantiene un color muy estable y necesita alcanzar temperatura para curar. Las tintas al agua penetran en la fibra, dan un tacto mucho más suave y exigen más disciplina: hay que mover la racleta con regularidad, tapar el bote y limpiar antes de que la tinta cierre el tejido.

El color oscuro de una prenda obliga a construir la imagen por capas. Una base blanca impresa, secada con flash y vuelta a imprimir levanta el color final; sin ella, cualquier tono claro aparece apagado y sucio. En algodón teñido a reactivo también conviene contar con la migración del tinte: si el blanco amarillea tras el curado, hay tintas bloqueantes formuladas para ese caso.

  • Homogeneiza la tinta antes de cargarla; la pigmentación se asienta en el bote.
  • Ajusta la viscosidad con el aditivo del fabricante, nunca con agua a ojo.
  • Imprime una prueba sobre el mismo soporte de la tirada, no sobre otro papel.
  • Etiqueta las mezclas con la fecha y la proporción para poder repetirlas.
  • Reserva racletas y espátulas distintas para base agua y para plastisol.

Sección 05

La racleta: dureza, ángulo y presión

La racleta no empuja la tinta hacia abajo: la corta y la deposita mientras cierra la malla contra el soporte. De esa idea se deduce casi todo lo demás. Una goma de dureza media, en torno a 70 shore, sirve para la mayoría de trabajos; las gomas más blandas depositan más tinta y se adaptan a superficies irregulares; las más duras, de 75 a 80, mantienen el filo recto y son las indicadas para detalle fino y tramas.

El ángulo de trabajo cómodo está entre sesenta y setenta y cinco grados respecto al soporte. Cuanto más vertical va la racleta, menos tinta deposita y más limpio queda el borde. La presión debe ser la mínima que consiga limpiar la malla en una sola pasada: si hace falta repetir el arrastre, el problema casi siempre está en el filo, en la viscosidad o en la tensión, no en la fuerza del brazo.

El filo se desgasta y se redondea con el uso. Una goma mellada deja franjas sin cubrir y obliga a compensar con más presión, lo que a su vez deforma el detalle. Repasar el filo o sustituir la goma es más rápido que pelear con una tirada entera.

Exceso de presión

  • Las líneas finas se engrosan y el texto pequeño se cierra.
  • La tinta traspasa y aparece un halo alrededor de la imagen.
  • La malla se marca sobre el papel.
  • El bastidor flexa y el registro se mueve.

Carga previa

La pasada de carga reparte una película fina de tinta sobre la imagen con la pantalla separada del soporte. Mantiene la malla abierta entre copias y hace que el primer arrastre de cada impresión sea igual al último.

Sección 06

Registro en la impresión a varios colores

El registro empieza en el ordenador y no en la mesa. Todos los fotolitos deben salir de un mismo archivo, con el mismo tamaño de página y con marcas comunes de referencia. Si cada separación se exporta con un encuadre distinto, ninguna alineación posterior lo arregla.

En la mesa de impresión, los topes o escuadras fijan la posición del soporte y deben quedar inmóviles durante toda la tirada. En textil, la paleta cumple esa función: la prenda se coloca siempre contra el mismo borde y se alisa antes de bajar la pantalla. Las pantallas se ajustan una a una tomando la primera como referencia, imprimiendo sobre una hoja transparente o sobre un soporte de prueba hasta que las marcas coinciden.

Orden de colores y solapado

El orden habitual va de claro a oscuro en papel, y en textil oscuro empieza por la base blanca. Los colores que más cubren se dejan para el final cuando deben cerrar el contorno de la imagen. Entre colores conviene un secado suficiente: en papel, rejillas o escurridores; en prenda, un golpe de flash hasta que la superficie deja de pegarse.

Un ligero solapado entre colores contiguos, de unas décimas de milímetro, evita que aparezca una línea de fondo cuando el registro se desplaza un poco. Es preferible planificarlo en el diseño que intentar corregirlo con presión o con más tinta.

  • Exporta todas las separaciones con el mismo encuadre y marcas de registro.
  • Comprueba que los fotolitos están colocados con la misma orientación sobre la malla.
  • Fija topes y paletas antes de cargar tinta y no los muevas durante la tirada.
  • Haz una prueba completa de todos los colores antes de imprimir la serie.
  • Revisa el registro cada cierto número de copias, no solo al principio.

Sección 07

Secado y fijación según el soporte

En papel el secado es físico: la tinta pierde disolvente o agua y queda fijada. Lo que suele fallar no es el producto, sino el espacio. Una tirada de cien copias necesita cien posiciones de secado, y apilar pliegos antes de tiempo produce marcado y adherencias. Las rejillas apilables y los escurridores verticales resuelven ese problema mejor que cualquier acelerante.

En textil no basta con que la impresión esté seca al tacto: la tinta tiene que curar. El plastisol necesita que toda la capa alcance la temperatura indicada por el fabricante, habitualmente en torno a los ciento sesenta grados; las tintas al agua requieren además evaporar el agua antes de llegar a esa temperatura. Un túnel de secado hace las dos cosas de forma regulada; con plancha de transferencia se puede curar en tiradas pequeñas, controlando tiempo, temperatura y presión.

La comprobación es sencilla y conviene hacerla con cada tinta nueva. Se estira la zona impresa: si aparecen grietas que no vuelven a cerrarse, la capa no ha curado. Un lavado de la prueba a temperatura normal confirma el resultado mejor que cualquier impresión de apariencia correcta.

Humedad y temperatura

La humedad ambiental alta alarga el secado en papel y afecta al secado de las pantallas emulsionadas; el aire muy seco, en cambio, cierra antes las tintas al agua durante la impresión. Anotar las condiciones del taller ayuda a entender por qué un mismo trabajo se comporta distinto en invierno y en verano.

Sección 08

Regeneración de pantallas y sombras persistentes

Recuperar una pantalla es un proceso con orden fijo. Primero se retira toda la tinta con el limpiador adecuado a su base, porque cualquier resto se quedará atrapado bajo la emulsión y complicará el resto. Después se aplica el desemulsionante sobre las dos caras, se deja actuar el tiempo justo y se elimina con agua a presión antes de que se seque: si el producto seca sobre la malla, la emulsión se vuelve a fijar y ya no sale.

Queda entonces la sombra, esa marca de la imagen anterior que no pasa la luz igual que el resto del tejido. No siempre es un problema, pero si se acumula acaba afectando al revelado. Un quitamanchas específico aplicado con guantes, ventilación y aclarado abundante la reduce; la pasta desengrasante final devuelve la malla a un estado apto para volver a emulsionar.

Una malla no dura siempre. Cuando ha perdido tensión, tiene hilos rotos o el tejido aparece deformado en la zona de imagen, recuperar el bastidor con una malla nueva sale más a cuenta que arrastrar impresiones irregulares durante meses.

Orden de trabajo

  1. Retirar la tinta y las cintas de protección.
  2. Aplicar desemulsionante por ambas caras sin dejar que seque.
  3. Eliminar con agua a presión desde la cara del soporte.
  4. Tratar la sombra si dificulta el revelado siguiente.
  5. Desengrasar, aclarar y secar sin tocar la superficie.

Sección 09

Distribución del taller, luz y ventilación

Un taller de serigrafía funciona mejor cuando el recorrido del trabajo es lineal y los procesos húmedos no invaden los secos. La zona de emulsión y secado de pantallas necesita oscuridad relativa, luz amarilla y ausencia de polvo; la zona de lavado, una pila amplia, agua a presión y un desagüe preparado para restos de emulsión; la zona de impresión, superficie estable, buena iluminación cenital y espacio libre alrededor de la mesa.

La ventilación no es un detalle accesorio. Los limpiadores, los quitamanchas y las tintas al disolvente liberan vapores que conviene extraer del local, no solo dispersar. Una extracción localizada sobre la zona de limpieza, entrada de aire compensada y el uso de guantes y protección ocular cubren la mayor parte del riesgo cotidiano. Las fichas de seguridad de cada producto indican qué protección concreta requiere y cómo debe gestionarse el residuo.

El almacenamiento cierra el ciclo. Las pantallas se guardan en vertical, separadas, en un lugar seco y oscuro; las tintas, cerradas y etiquetadas, lejos de fuentes de calor; los fotolitos, planos y protegidos de la luz directa para que no se deformen ni pierdan opacidad.

Zonas mínimas de un taller pequeño

  • Preparación y emulsión, con luz inactínica y superficie limpia.
  • Insolación, con contacto firme entre fotolito y malla.
  • Lavado, con pila, agua a presión y ventilación.
  • Impresión, con mesa estable y topes fijos.
  • Secado de copias, con rejillas o escurridores.
  • Curado textil, con túnel o plancha y control de temperatura.
  • Almacenamiento vertical de pantallas y estantería para tintas.

Registro de trabajo

Anotar para cada tirada la malla, la emulsión, el tiempo de exposición, la tinta y la dureza de la racleta convierte los aciertos en método. Sin esa nota, cada trabajo vuelve a empezar desde cero.

Sección 10

Qué se publica en Pontindo

Pontindo es un proyecto informativo y editorial dedicado por completo a la serigrafía de taller. Publicamos textos explicativos, guías de proceso y listas de comprobación pensadas para quien imprime a mano o con equipos sencillos: talleres pequeños, aulas, colectivos de autoedición y personas que aprenden por su cuenta.

El material se organiza siguiendo el propio recorrido del trabajo, desde la elección de la malla hasta la recuperación del bastidor. Cada texto intenta explicar por qué ocurre un problema, no solo cómo taparlo, y se revisa cuando la práctica aconseja matizar algo. No vendemos materiales ni equipos, no ofrecemos servicios de impresión y no publicamos contenidos ajenos a esta materia.

Líneas temáticas

  • Mallas, bastidores y tensión
  • Emulsión, fotolitos y exposición
  • Revelado, retoque y mantenimiento del estencil
  • Tintas para papel y para textil
  • Racleta, presión y calidad del arrastre
  • Registro y trabajo a varios colores
  • Secado, curado y control de resultado
  • Organización y seguridad del taller

Contacto

Si detectas un error, quieres proponer un tema o tienes una duda sobre alguno de los textos, puedes escribir al proyecto por correo electrónico.

Pontindo
[email protected]

Los textos de este sitio describen prácticas habituales de taller y no sustituyen las instrucciones ni las fichas de seguridad de cada fabricante. Antes de utilizar emulsiones, disolventes o productos de limpieza, conviene leer la documentación del producto concreto y trabajar con la protección y la ventilación adecuadas.

Pontindo es un proyecto de carácter informativo: no presta servicios financieros ni de inversión y no desarrolla actividad política.